miércoles, 6 de agosto de 2014

Four

El menor tomó su rostro con fuerza casi incluso con violencia. Se miraban a los como si fuera la primera vez, y en cierta forma lo era. Tras tantos años, con todo lo sucedido, ahí estaban, tan cerca que sus alientos se chocaban y se entremezclaban. Tenían que explicarse demasiadas cosas, que admitir unas cuantas más y por fin decir la verdad. En ese momento habían desaparecido las dos grandes estrellas de Asia, ahora eran solo Changmin y Jaejoong, con las palabras atorándoseles en la garganta y los ojos llenos de lágrimas y sentimientos sin decir. No había más tiempo, era ahora o nunca, el todo por el todo…podían ganar o perder pero no retractarse.

─ ¿Por qué? ─ Preguntó Jaejoong con la respiración dificultosa, mordiéndose tan fuerte el labio que casi lograba hacerlo sangrar.

─ ¿Podrías haber hecho esto sin antes hablar conmigo? ─ Aún había una mínima distancia entre ambos, sin embargo mientras hablaban, se acercaban cada vez un poco más.

─ No ─ admitió tragando saliva.

─ Yo tampoco ─ y probablemente estaban siendo tan sinceros como nunca antes en la vida.
Jaejoong fue quien cerró los ojos primero. No iba a dejar que la última imagen que Changmin tuviera antes de separarse, fuese de él llorando.

─ Te amo.

Ah…aquella afirmación era como un bálsamo que se extendió por todo su cuerpo, borrando sin dudas cualquier herida del pasado. Hoy, ahora, ese “te amo” era algo de lo poco que le ayudaba a seguir. Le acarició la suave mejilla deseando tener más tiempo para hacerlo, más no lo tenía.

─ Te amo ─ respondió Changmin notando como si fuera en su propio cuerpo el estremecimiento del pelinegro.

Y por cinco eternos minutos, no existía nada, ni la guerra, ni la destrucción a su alrededor. Se trataba solamente de ellos dos y la sensación de besarse, de saber que se podían enfrentar a lo fuera.

<< Escuadrón 235, código rojo, batallón enemigo acercándose. Todos a sus posiciones >>

El parlante del pequeño galpón en el que estaban los sobresaltó, rompiendo el beso aunque ninguno de los dos soltó al otro. Se observaron fijamente, muy conscientes de que quizá no volverían a verse. E hicieron una promesa silenciosa. Iban a sobrevivir, el uno por el otro. Y entonces cualquier momento sería el indicado para estar juntos.

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